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octubre 24, 2008

Un pan de nuez


Ahora en la mañana me levanté a la hora acostumbrada, pero terminé llegando más tarde al trabajo. Y al verme atrapada en el pesado tráfico, tomé la decisión de sonreír, ir con calma y no pensar en que iba tarde. No sé, fue algo automático, no fue algo que tardara mucho en meditar. Simplemente sucedió y yo lo dejé que corriera en mí.
Dada la violenta situación automovilística, tomé otro camino, que me llevó a suculenta y conocida pastelería, en la cual tuve que detenerme y comprar unos deliciosos rollos de canela rellenos de nuez.

Lo que me llama la atención de este lugar, es que es todo abierto. Uno puede ver como hacen la masa, cómo la moldean, cómo meten al horno los panes... en fin, es como estar en el tras bambalinas del ritual del pan. Y al ver todo eso, me acordé de una película que nunca terminé de ver, que se llama Días de Otoño. Quizá la consiga para verla más noche.


Y mientras observaba ese ir y venir de los panaderos, mientras subía el delicioso aroma proveniente del horno, mi corazón decía:¡Qué exquisito pan! De allí, que toda la mañana he sido feliz, mordisco a mordisco, entre las migas y el polvito blancuzco que suelta la codiciada pieza.

¡A un lado la dieta, a un lado el remordimiento! Lo único que tengo, es este minuto para terminar mi panecito y luego, tomar otra taza de café. Creo que me haré merecedora de ella por ser viernes y mi cuerpo destilar felicidad.

agosto 26, 2008

Dos deseos muy profundos

En este momento de la vida tengo dos deseos muy profundos:

1. Comer algo delicioso como nunca he comido. Un manjar que sea digno de recordación por el resto de mis días.
2. No ponerme gordita con lo que coma.

Es que, la comida, es una de las cosas hacia la que soy más susceptible. Mis anhelos y deseos giran por lo que un maravilloso y suculento plato me puede dar.

¿Será posible que en algún momento podamos comer y no engordar nadita nadita?

No puedo dejar de pensar en eso, sobre todo, porque tengo pensado ir a la playa.

¡Ya sé!! Aquí bajaré 3 o 4 kg, para no lucir tan mal en la costa, pero allá comeré cosas deliciosas, sin estar pensando cuánto engordaré. Eso voy a hacer

julio 28, 2008

Cine


El cine es una de las cosas que he aprendido a disfrutar con mucha calma y no es algo que haya hecho de manera "autodidacta". Alguien ha tenido la paciencia de enseñarme y de escuchar mi insignificante opinión. Por él (porque es un él que sabe que a él me refiero), me invade una emoción distinta cada vez que estoy a punto de tener el boleto entre mis manos; cada vez percibo el característico aroma de las salas; cada vez que siento ese fresco y oscuro ambiente y cada vez que busco con desesperación que MI lugar se encuentre desocupado. Y gracias a él, el cine dejó de ser únicamente un entretenimiento para convertirse en algo que debe formar parte de mi equilibrio de vida. Sólo con él hubiera podido ver 25 proyecciones en solo 3 días. Sólo él entiende el encanto que existe en revisar con curiosidad pueril, punto menos que morbosa, la cartelera los jueves a las 23:00. Sin el cine, creo que él y yo no podríamos ser los amigos que somos. El cine a su lado es especial, porque no es sólo el cine, sino el estar atenta para ver que es lo que él tiene que decirme, que notó, que percibió, que es lo que le gustó. Defintivamente, mi concepto de disfrutar del séptimo arte, es a su lado.

Sin embargo, tengo una amiga, que a su manera, también me ha hecho mirar el cine desde otro punto. Ocasionalmente voy con ella, porque sé las consecuencias que eso tiene: siempre, irremediablemente, veremos pésimas películas, aunque sean las más recomendadas, el éxito del verano o la proyección ganadora en Cannes.
Es la maldición cinematográfica. Si los griegos tuvieran un dios del cine, seguramente éste (y el inexorable destino), tendrían una justificación para no dejarnos ver una película buena juntas. NINGUNA es buena. NINGUNA. De hecho, cada vez que vamos a este lugar como premio de consolación, encontramos diversión en las malas películas. Ella le llama "humor involuntario". Yo le llamo "rescatar el momento".


Pues ahora vimos una película igual de mala que todas, pero por primera vez nos entretuvimos en algo distinto que estar buscando los errores y ridiculeces: el protagonista nos dejó anonadadas por su garbo y presencia. Puedo asegurar, que casi sentí el deseo de ir en esa motocicleta roja, con un precioso traje entallado en un todo oscuro con ligeros manchones plateados. Casi me vi con 20 kilos menos, el cabello esponjado y movido por el viento y sintiéndome segura aferrándome a la espalda de este superhéroe, que de súper no tiene nada.

Es más, casi salimos diciendo que la película era buena. Casi... pero las cosas no llegaron a tanto, sólo a darnos una nueva diversión en las vacías, oscuras y frías salas de cualquier cine un lunes por la tarde.

junio 02, 2008

Y ahora tenemos un 20% de potencial felicidad extra

Mi mamá hoy me dijo, por primera vez en mi vida, que ella cree que si bajo un poco de peso, seré una persona más feliz. Eso me lo dijo a la hora del desayuno, cuando tenía frente a mí dos panes tostados, untados de deliciosa mantequilla pura, queso crema y mermelada de cerezas silvestres.

Ya no pude si quiera empezar con ellos. En verdad, que toda la vida he pensado que la felicidad se puede contener en frasquitos dulces y no en básculas mentirosas.

Y creo que tengo razón. Recuerdo que hace unos 10 años, yo era una adolescente delgada. Lo suficientemente delgada como para no tener miedo de decir mi talla en voz alta. Y, sinceramente, no me sentía extraordinariamente feliz. Ahora tengo un 20% más de peso que en esa época y no estoy un 20% más infeliz que entonces. Bueno, esta mañana me sentí como 18 kilos más triste, por lo que me dijo mi mamá.

Conozco la manera de bajar de peso, la manera que me funciona, pero parece que no es un método que se considere "éticamente correcto": reducir todas las comidas a 1 manzana por semana. No sé si tengo la fuerza de voluntad como para empezar a considerarlo, como para privarme de las deliciosas comidas de mis restaurantes favoritos, los pastelillos de la tarde, los entremeses de cuando tengo visita... ahhhh... no, es demasiado sacrificio, por obtener únicamente 20% de felicidad adicional.

Bueno, por si sí o si no, ahorita vengo, voy a la tienda a comprar mi manzana del día. Quizá sea muy drástico una por semana, así que me daré la concesión de una al día.


marzo 07, 2008

Dieta Rota


Dieta Rota
(Mordidas de Desesperación)

Cintura de sesenta a los veintes
y veinte de más a los sesentas.
Sesenta zanahorias, sin aceites.
Aceite de ricino en las cenas.
Cenar lechuga sin fallar en días;
el día empezar con té de limón.
Limón por aliño a la ensalada
y ensalada sin tocino, sin sabor.
Sabores a evitar: los deliciosos,
deliciosos turrones y frutas apiladas.
Apiladas y sin fin las prohibiciones:
prohibidos chocolates y malteadas.
Malteada de dieta a veces concedida.
Concedida si hay tres horas de gimnasio.
Gimnasio de mujeres obesas, reprimidas:
reprimidas en uno de los instintos más bajos.
Bajo llave la alacena y el refrigerador:
refri lleno de viandas muy sabrosas.
Sabrosas palabras que intentan sazonar.
Sazonar lo insazonable: la dieta rota.

agosto 28, 2007

Miénteme, por favor

Miénteme, por favor ¡Te lo suplico! Cada vez que te veo, cada que estoy frente a ti, ansío que me muestres una dulce mentira. Una mentira que me haga dormir tranquila, que me haga despertarme con el inmenso deseo de probar el amargo café y deleitarme en deliciosos panecillos que llenen el hueco que todos los días siento por la cruda verdad que te empeñas en remacharme, en grabar en mi cabeza, con la que me atormentas a mitad de la noche.

¡Miénteme! ¡Por favor! Eso es lo único que puede salvar nuestra relación. Otra verdad que me digas y te voy a sacar de mi vida... voy a disfrutar mientras te golpeé fuertemente contra el piso y te mire retorcerte.

Así que por tu integridad y por mi tranquilidad, cree también la mentira.