diciembre 03, 2010

Un cambio

A mi blog y a mí nos hará bien un cambio.
Y el más sustancial es que he terminado la carrera de Letras Españolas. Oficialmente puedo decir que me dedico a la literatura.

Me es casi increíble mencionar estas palabras: Terminé Letras Españolas.

Un sueño perdido en el baúl de las cosas que toda la vida desee hacer, hasta que en el 2006 tomé valor, hice un examen de admisión y me dediqué a la literatura de 3 a 9 de la noche; de lunes a viernes, la mayoría de los casos.

Termina un ciclo escolar... inicia otro ciclo profesional. No sé qué siga. No sé si estudiar historia, lingüística, periodismo, gastronomía o finanzas. No sé si debe dedicarme 12 hrs al trabajo. No sé si ya me toque buscar otro camino.

Pero sea lo que sea, el cambio es inminente. Y sea lo que sea, este día está lleno de una felicidad inmejorable, por la esperanza de que mañana, seguiré siendo, al menos tan feliz como hoy.

noviembre 04, 2010

Té para ti. Tú para mí.


Costumbre se me está volviendo, venir a trabajar los domingos en la tarde a conocido café, de conocida cadena multinacional.

Cada domingo, de 7 a 10 de la noche, me siento en el lugar de siempre tomar el mismo brebaje de siempre.

Pero, desde hace dos visitas, me comunicaron que ya no era temporada de té de menta. Así fue como se terminó la etapa en la que venía a trabajar para llevarle ventaja al lunes. Se acabó el tiempo de esperar que llegara conocido señor a hacerme compañía. Se acabó el clima en que la luz se prolonga hasta poco antes de las 9. Creo que se acabaron mis tardes solitarias donde té busqué. Té de menta. Té fresco. Té de tiempos mejores.

Té dejé de tomar.

abril 06, 2010

Los Besos que Soñé

Sueño de muchas maneras. Sueño despierta pocas veces, me gusta pensar que las elucubraciones no son sueños, sino mecanismos de evasión en esta vida tan posmoderna que me tocó vivir.

Pero, los sueños que surgen durante la noche, mientras el proceso de descanso se lleva a cabo, son los que más me intrigan. Yo sueño no sólo con imágenes y diálogos. También se aderezan con una banda sonora y con aromas. Casi puedo percibir el olor de las flores, de los lugares tumultuosos y de la soledad.

Sin embargo, anoche sucedió algo extraño: soñé con un beso que no tenía sabor, no tenía sonido, ni tenía imagen. Únicamente se me quedó un batir de pecho tan profundo, que fue más impactantes que todos los artilugios recurrentes de mis ensoñaciones. Soñé y estoy segura de que eso me sucedió en otro tiempo, en otra vida.

marzo 29, 2010

El Funeral de las Letras


Para mi tristeza, el teclado de la computadora es un constante sepelio de letras. Cada click me recuerda la marcha fúnebre de maravillosos textos que maté con la barra espaciadora.

Del día laboral, el 60% del tiempo lo dedico a escribir. Redacto mamotretos que al fin de cuentas, creo que nadie lee, ni siquiera yo después de haberlos terminado. Mis clientes se conforman con el resumen ejecutivo y mis grandes empastados son el símbolo de que hay un gran sustento sobre cada estudio que "ayuda a reducir el riesgo en la toma de decisiones". Decisiones que ya están sobre la mesa, antes de ver cualquier resultado.

Hay veces en las que quizá me gustaría dedicarle un poco de ese valioso tiempo, a escribir sobre otros temas (aunque debo confesar que mi trabajo me fascina). Sin embargo, llego a la conclusión de que lo mío es leer. Me deleito llenándome de párrafos que no cayeron en el cementerio de mi computadora usada.

marzo 19, 2010

Viendo Pasar al Tren


El día de hoy me sucedió algo inesperado. Me quedé varada en la calle, mientras pasaba el tren. Y durante 30 minutos conté vagones, escuché la música de los automóviles continuos, observé detenidamente el comportamiento del hombre de atrás (bendito espejo retrovisor) y me detuve a oír los ruidos de la ciudad.

El tren hace que se genere un silencio que hasta puede dar un poco de miedo. Por un instante, el ruido de los motores se detiene y lo único que queda es ese chirrido tenebroso del andar de las ruedas motrices sobre la vía. Algún osado motociclista rompe la armonía del instante, al mover su vehículo hasta el frente de la fila, pero se da cuenta de que no por eso va a poder pasar la barrera infranqueable. Porque eso es al fin de cuentas. La ciudad se detiene forzudamente ante un antiguo armatoste al que no le importa que yo tenga que estar a tiempo en la junta de las 10:00 am. Tampoco sabe de ambulancias, sicarios o estudiantes a punto de tener examen final. El tren es el tren y no hay quien lo pare.

Así fue como esta mañana vagón tras vagón, minuto tras minuto, pude reflexionar sobre lo limitada que es mi voluntad sobre ciertas cosas. Lo único que me queda en ocasiones, es ser espectadora de una vida maravillosa.

marzo 10, 2010

Letras Sentidas

En la escuela estoy llevando un módulo de literatura erótica. Y cada día me sorprende más y más el uso de las palabras y de las letras. Definitivamente, sé que nací para comprender a fondo la diferencia entre una c y una c en la pluma de un escritor.


Yo no tengo aspiraciones de autor. Simplemente me gusta disfrutar del ir y venir de las páginas que me regalan horas de deleite. Soy un escritor que vive en una delectación morosa. Escribo veinte y mil palabras en 5 pensamientos y con eso, me quedo satisfecha. El papel no fue hecho para mí ni yo para él. Sólo los sueños de letras imposibles.


Sin embargo, me gusta compartir con mis allegados las sensaciones más tremendas que me puede dar la literatura. Así fue como llegué al capítulo de El Coño de la Violonchelista, del libro Coños de Juan Manuel Prada.


Cuando lo leí, mi corazón se detuvo para empezar a bombear fuertemente la sangre a mi cabeza, haciéndome entrar en un espacio maravilloso donde las sensaciones se quedan a flor de piel.


Ojalá nunca olvide que una palabra puede hacerme sentir fuertemente, lo que me he negado a pensar durante tanto tiempo.



El Coño de la Violonchelista

Por Juan Manuel Prada




Ahora que ya definitivamente las vanguardias han dejado de dar la murga, ahora que el cubismo ha engrosado el elenco de tendencias clásicas, ahora que el espíritu de Picasso dormita en algún baúl cerrado con siete llaves, aún nos queda a los nostálgicos del arte de principios de siglo el consuelo de asistir a un concierto para cuerda y ver a las violonchelistas en simbiosis con su instrumento, única imagen de cubismo que sobrevive en el mundo (dejo aparte la jeta de Rossy de Palma, demasiado equina y kitsch).


¡Qué compenetración la que existe entre el violonchelo y la mujer que arranca de sus cuerdas quejidos o murmullos o gritos exultantes! ¡Qué engarzamiento de líneas rectas y curvas, qué acoplamiento de madera y carne! Los aficionados al cubismo leemos ávidamente los programas de los conciertos de cuerda, esperando encontrar entre los miembros del cuarteto u orquesta a una violonchelista (el hombre no sirve para tañer este instrumento, no sabe extraerle esa resonancia última, expresiva de violencia o deseo, que las mujeres extraen, a poco que acerquen el coño), y pagamos sumas casi inmorales por conseguir una butaca en primera fila, al lado de la violonchelista, que tiene cara de virgen gótica y cuerpo de yegua. La violonchelista ajusta sus rodillas a la depresión de su instrumento, a esa superficie de madera alabeada, ondulante, que equivale a la cintura, lo agarra del cuello, le pinza las cuerdas vocales y le frota el pecho con el arco, hasta herirlo en el corazón y hacerle llorar un si bemol. ¡Qué pareja forman, el violonchelo y su tañedora! ¡Qué entrecruzamiento de piernas y brazos, digno de haber sido retratado por Juan Gris!


En el intermedio del concierto, vemos a la violonchelista ajustándole las clavijas a ese hombre de madera, como la mujer retuerce las orejas al amante que no responde en la cama. Luego, en el último tramo musical, después de la regañina, notamos al violonchelo menos remiso, más dispuesto a apretarse contra el regazo de la virtuosa, más proclive a inclinar el mástil sobre su garganta de virgen gótica. ¡Cuántas cosas pasarán entre el regazo de la violonchelista y la boca ciega del instrumento! ¡Cuántos trizamientos de cuerda! ¡Cuántos apretujones! Queremos imaginamos el coño de esa mujer y no podemos (necesitaríamos el talento de Juan Gris), queremos asistir a la lucha que se desarrolla por detrás de la madera, entre las entrañas del violonchelo y las entrañas de la virtuosa, una lucha seguramente sexual, aunque discreta y de orgasmos ocultos. El coño de las violonchelistas, enfundado en unas bragas con cremallera, debe contener notas de recóndita musicalidad, corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas como vello púbico, o quizá (su forma sugiere esta conexión) sea un metrónomo que marque el compás con su clítoris, derecha izquierda, izquierda derecha, allegro ma non troppo.


El violonchelo, a la conclusión del concierto, se desmanda, y no obedece las órdenes de ese metrónomo caliente que le dicta el ritmo, y se apropia de la voluntad de su tañedora, furioso, furiosísimo, en un clímax final que me recuerda los arrebatos de Berlioz. El coño de la violonchelista, en el barullo de aplausos que se le dedica, besa las cuerdas de su amante y resucita la estética del cubismo, frente a tanto museo de pago.

marzo 05, 2010

Se me rompieron los minutos


En el mes de julio se me rompieron los minutos por muchos motivos. Ya no sé si yo los dejé caer o si hubo determinado suceso que me cimbró a tal grado de olvidar (o querer evadir) uno de los placeres de la vida: escribir.

El punto es que, julio fue el mes más difícil de todo el 2009. Para empezar, murió un querido amigo. Su muerte no me hizo derramar muchas lágrimas el día en que me enteré. Al contrario, tenía que contenerme para poder ser de apoyo para quienes lo aman tanto. Pero, 10 días después, empecé a llorar y no pude parar. Lloré en hombros de mi querida Edith, quien me dejó sollozar cuanto necesitara, sin darme palabras de aliento. Todo lo contrario. Fue un hombro silencioso, quien fingió que no había pasado algo.

Luego, decidí retomar un tratamiento médico que fue más duro de lo que esperaba. Y no fue duro por cuestión de que me doliera el cuerpo, si no por el hecho de que me hizo reflexionar aún más de la fragilidad de la vida. A la fecha, ésta ha sido de las decisiones más importantes que he podido tomar en mi vida. Estoy tranquila, mesurada, reflexiva y de buen humor. No sé qué sea lo que me depara el futuro, pero sé que el inexorable destino ya escribió todo lo que necesito saber en cuestiones de salud.

Después, tuve un alejamiento programado de alguien a quien amo profundamente. Lo hice por mi bien, no por el de él. Lo hice porque me tiene aterida el pensar que mi ser dependa tanto de su ser. Cuánto dolor le causó a mi corazón el contemplar tenerlo lejos durante un buen tiempo.

También, las circunstancias me encararon a poner riendas en un asunto olvidado, en un tema en el que seguía siendo una niña, a pesar de que la vida misma ya corrió muy lejos de esa etapa. Y lo enfrenté con un sigilo tendiente a la cautela más que al silencio. El asunto, el día de hoy sigue siendo un secreto que me hace feliz. Me descubro cada día sonriendo ante ese misterio que sólo me corresponde a mí.

Pero los minutos (como bien dicen), lo curan todo. Y hoy estoy aquí, después de un julio vertiginoso, un julio de reflexiones y de enfrentamientos. Paré los Minutos en Blanco y Negro, porque el reloj se me había roto. Pero hoy, decidí tomar los engranes, las manecillas y los números, para irlos armando poco a poco. Me gusta sentir como, entre mis manos, acariciando mis dedos, la fragilidad del tiempo se materializa en letras.

noviembre 17, 2009

Días de oficina, días de cine


El programa favorito de televisión de mi mejor amigo es Días de Cine. Yo lo he visto pocas veces, sólo cuando él me lo recomienda, porque lo cierto es que no tengo Televisión Española.

Pero ahora he pensado que mi día es como los cortos de ese programa: Un momento hablo de un tema, otro de otro... mis días son entre oficina y cine.

Y fui a 5 juntas con personas que no conozco y que para demostrar su poder y hombría se paran tras un imponente escritorio, con mirada inquisitiva, juzgando mi desempeño. También vi una película de hombres que, para sentirse hombres, se desnudan con singular alegría, deshaciéndose de la ropa, de sus prejuicios y pudores en un bizarro espectáculo.

El día fue digno de cualquier película en donde el varón es el protagonista.
Y yo, yo sólo soy un observador más en esta fórmula que no sé si tenga resolución.

noviembre 16, 2009

La Ciudad está Muerta


Esta ciudad está muerta.

No hace frío, no hace calor. No hace aire, ni llueve. Simplemente, por 3 días se paró todo.

Los restaurantes cerraron, mis amistades se fueron, mi corazón también se fue por allí.

Y mañana voy a despertarme temprano y, poco a poco, con mi taza de café en mano, voy a ver cómo la ciudad resucita a través de la gran pared de cristal de mi oficina.

Van a regresar los oficinistas frustrados, las madres aceleradas y la gente feliz va a inundar las calles. Voy a escuchar el bullicio de los autos, de la música de algún conductor estridente.

Y por un minuto, voy a desear haber eternizado este momento en el que estoy sentada en un conocido café, tomando otra botella de agua mineral y tentada a pedir un espresso más.

Sin embargo, la vida sigue y sé que me agrada todo ese movimiento que hace que mi vida sea trepidante de vez en vez. Las mañanas ruidosas son hermosas, siempre y cuando sepa, que puedo escapar de aquí cuando yo quiera.

noviembre 12, 2009

Tú ¿Por Qué?


Tú, ¿por qué?: la pregunta que siempre le ha dado sentido a la vida,
No le encuentro contigo ninguna respuesta escondida,
sino un ¿por qué? y fuiste mía,
Yo ¿por qué? Tal vez porque soy lluvia que calma tu sed repetida
No es porque cuando mires mis ojos, veas luces divinas
No hubo ilusión, ni fantasía
Y me siento más solo que ayer, cuando aún no eras nada
Y mis ojos descubren el mismo porque en tu mirada
Y creyéndonos civilizados decimos: -nos vemos mañana-
Tan seguros que en tanto vacío, no cabe otra lágrima

Mil sueños y un porque,
porque solo el amor da sentido a encontrarnos mañana
Ahora sólo nos queda el cansancio desnudo en la cama
Riéndose de nuestras ganas
Y me siento más solo que ayer cuando aún no existías
Y en mis ojos descubren tus ojos
porque esta mentira.
Pero al credo del civilizado decimos: tal vez otro día
tan seguros que tanto vacío acaba la vida.
Acaba tu vida, y sobre todo acaba mi vida.

Francisco Céspedes

Así han sido los últimos días de mi vida, sin buscar ningún por qué, simplemente estoy dejando que las cosas vayan sucediendo. No quiero encontrar razones, no estoy buscando rumbos, no estoy hablándole al amor. Más que nada, estoy dejando que la lluvia calme mi sed, que se disipen las dudas, que dejen de molestarme tantos monstruos del ayer. Y todo podrá molestarme, menos esa lluvia ligera que me invade cada miércoles. Es tan misteriosa, tan inesperada, tan poco planeada pero a la vez tan predecible. Dejo que ella juegue conmigo a lo que quiera, que piense que viene y va a su antojo, sin embargo soy yo la que sale a mojarse, la que finge que no pasa nada; la que se siente ligera y fresca.

Y al final del día, el balance es el mismo vacío. La lluvia no sacia la sed que tengo, meramente me entretiene en estas tardes de otoño que llegan a pesar tanto.

No quiero perder la esperanza de que algún día una lluvia torrencial va a atraparme de tal forma que yo no vea forma de escaparme de salir empapada de arriba a abajo. Una lluvia en la que no me quede la menor duda de que es la que va a hacerme querer estar guarecida bajo su propia nube. Una lluvia eterna, lluvia de sol, de estrellas, de agua salada. Una lluvia inexplicable.

noviembre 04, 2009

Empezó Noviembre

Empezó noviembre y yo a penas me estoy dando un respiro para empezar con mi vida. Mi vida normal, mi vida de siempre, mi vida mejorada.

julio 04, 2009

Un día

Me han pasado algunas cosas interesantes en los últimos días. Me he dado cuenta que las 24 hrs, que representan 1.440 minutos, a veces no me bastan para hacer todo lo que quiero hacer, lo que necesito hacer, lo que me urge hacer.

Pero de pronto, en medio de es vorágine, llegan instantes que me cambian la esperada rutina. Amigos que se compadecen de mi situación y me traen cena a la oficina, me traen jazz, inundan mi lugar de trabajo con los olores del pastel recién horneado y el ya aborrecido sabor del café puesto una y mil veces en mi minúscula cafetera personal de escritorio.

Y entre todo eso me ha dado por pensar un poco, durante las noches de insomnio, que no me dejan tranquila. No creo del todo en eso de cerrar los ciclos. Me gusta más pensar que únicamente cuento con lo que dura un sólo día, con esas preciadas 1,440 oportunidades, para planear, crear, deshacer, entretejer y rehacerme la vida. Y el día de ayer, y el día de hoy, y el día de mañana, ya tomé decisiones sobre cosas qué cerrar.

julio 03, 2009

Reconozco tus pisadas


Mi hermana camina despacio, con aplomo, con una elegancia vacilante de la que no está consiente. Y pienso en ella mientras espero en mi silenciosa oficina. Sé que cuando escuche sus pasos, inmediatamente voy a saber que es ella. Toda hermosa, toda frágil, toda imponente, toda tímida, toda risa.