diciembre 03, 2010
Un cambio
noviembre 04, 2010
Té para ti. Tú para mí.
abril 06, 2010
Los Besos que Soñé
Etiquetas: sueño
marzo 29, 2010
El Funeral de las Letras
Etiquetas: minutos
marzo 19, 2010
Viendo Pasar al Tren
Etiquetas: minutos
marzo 10, 2010
Letras Sentidas
Yo no tengo aspiraciones de autor. Simplemente me gusta disfrutar del ir y venir de las páginas que me regalan horas de deleite. Soy un escritor que vive en una delectación morosa. Escribo veinte y mil palabras en 5 pensamientos y con eso, me quedo satisfecha. El papel no fue hecho para mí ni yo para él. Sólo los sueños de letras imposibles.
Sin embargo, me gusta compartir con mis allegados las sensaciones más tremendas que me puede dar la literatura. Así fue como llegué al capítulo de El Coño de la Violonchelista, del libro Coños de Juan Manuel Prada.
Cuando lo leí, mi corazón se detuvo para empezar a bombear fuertemente la sangre a mi cabeza, haciéndome entrar en un espacio maravilloso donde las sensaciones se quedan a flor de piel.
Ojalá nunca olvide que una palabra puede hacerme sentir fuertemente, lo que me he negado a pensar durante tanto tiempo.
El Coño de la Violonchelista
Por Juan Manuel Prada

Ahora que ya definitivamente las vanguardias han dejado de dar la murga, ahora que el cubismo ha engrosado el elenco de tendencias clásicas, ahora que el espíritu de Picasso dormita en algún baúl cerrado con siete llaves, aún nos queda a los nostálgicos del arte de principios de siglo el consuelo de asistir a un concierto para cuerda y ver a las violonchelistas en simbiosis con su instrumento, única imagen de cubismo que sobrevive en el mundo (dejo aparte la jeta de Rossy de Palma, demasiado equina y kitsch).
¡Qué compenetración la que existe entre el violonchelo y la mujer que arranca de sus cuerdas quejidos o murmullos o gritos exultantes! ¡Qué engarzamiento de líneas rectas y curvas, qué acoplamiento de madera y carne! Los aficionados al cubismo leemos ávidamente los programas de los conciertos de cuerda, esperando encontrar entre los miembros del cuarteto u orquesta a una violonchelista (el hombre no sirve para tañer este instrumento, no sabe extraerle esa resonancia última, expresiva de violencia o deseo, que las mujeres extraen, a poco que acerquen el coño), y pagamos sumas casi inmorales por conseguir una butaca en primera fila, al lado de la violonchelista, que tiene cara de virgen gótica y cuerpo de yegua. La violonchelista ajusta sus rodillas a la depresión de su instrumento, a esa superficie de madera alabeada, ondulante, que equivale a la cintura, lo agarra del cuello, le pinza las cuerdas vocales y le frota el pecho con el arco, hasta herirlo en el corazón y hacerle llorar un si bemol. ¡Qué pareja forman, el violonchelo y su tañedora! ¡Qué entrecruzamiento de piernas y brazos, digno de haber sido retratado por Juan Gris!
En el intermedio del concierto, vemos a la violonchelista ajustándole las clavijas a ese hombre de madera, como la mujer retuerce las orejas al amante que no responde en la cama. Luego, en el último tramo musical, después de la regañina, notamos al violonchelo menos remiso, más dispuesto a apretarse contra el regazo de la virtuosa, más proclive a inclinar el mástil sobre su garganta de virgen gótica. ¡Cuántas cosas pasarán entre el regazo de la violonchelista y la boca ciega del instrumento! ¡Cuántos trizamientos de cuerda! ¡Cuántos apretujones! Queremos imaginamos el coño de esa mujer y no podemos (necesitaríamos el talento de Juan Gris), queremos asistir a la lucha que se desarrolla por detrás de la madera, entre las entrañas del violonchelo y las entrañas de la virtuosa, una lucha seguramente sexual, aunque discreta y de orgasmos ocultos. El coño de las violonchelistas, enfundado en unas bragas con cremallera, debe contener notas de recóndita musicalidad, corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas como vello púbico, o quizá (su forma sugiere esta conexión) sea un metrónomo que marque el compás con su clítoris, derecha izquierda, izquierda derecha, allegro ma non troppo.
El violonchelo, a la conclusión del concierto, se desmanda, y no obedece las órdenes de ese metrónomo caliente que le dicta el ritmo, y se apropia de la voluntad de su tañedora, furioso, furiosísimo, en un clímax final que me recuerda los arrebatos de Berlioz. El coño de la violonchelista, en el barullo de aplausos que se le dedica, besa las cuerdas de su amante y resucita la estética del cubismo, frente a tanto museo de pago.
Etiquetas: De vuelta a la escuela
marzo 05, 2010
Se me rompieron los minutos
Etiquetas: minutos
noviembre 17, 2009
Días de oficina, días de cine

El programa favorito de televisión de mi mejor amigo es Días de Cine. Yo lo he visto pocas veces, sólo cuando él me lo recomienda, porque lo cierto es que no tengo Televisión Española.
Pero ahora he pensado que mi día es como los cortos de ese programa: Un momento hablo de un tema, otro de otro... mis días son entre oficina y cine.
Y fui a 5 juntas con personas que no conozco y que para demostrar su poder y hombría se paran tras un imponente escritorio, con mirada inquisitiva, juzgando mi desempeño. También vi una película de hombres que, para sentirse hombres, se desnudan con singular alegría, deshaciéndose de la ropa, de sus prejuicios y pudores en un bizarro espectáculo.
El día fue digno de cualquier película en donde el varón es el protagonista.
Y yo, yo sólo soy un observador más en esta fórmula que no sé si tenga resolución.
Etiquetas: minutos
noviembre 16, 2009
La Ciudad está Muerta
noviembre 12, 2009
Tú ¿Por Qué?
Etiquetas: lluvia
noviembre 04, 2009
Empezó Noviembre
Empezó noviembre y yo a penas me estoy dando un respiro para empezar con mi vida. Mi vida normal, mi vida de siempre, mi vida mejorada.
julio 04, 2009
Un día
Pero de pronto, en medio de es vorágine, llegan instantes que me cambian la esperada rutina. Amigos que se compadecen de mi situación y me traen cena a la oficina, me traen jazz, inundan mi lugar de trabajo con los olores del pastel recién horneado y el ya aborrecido sabor del café puesto una y mil veces en mi minúscula cafetera personal de escritorio.
Y entre todo eso me ha dado por pensar un poco, durante las noches de insomnio, que no me dejan tranquila. No creo del todo en eso de cerrar los ciclos. Me gusta más pensar que únicamente cuento con lo que dura un sólo día, con esas preciadas 1,440 oportunidades, para planear, crear, deshacer, entretejer y rehacerme la vida. Y el día de ayer, y el día de hoy, y el día de mañana, ya tomé decisiones sobre cosas qué cerrar.





