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abril 06, 2010
Los Besos que Soñé
Sueño de muchas maneras. Sueño despierta pocas veces, me gusta pensar que las elucubraciones no son sueños, sino mecanismos de evasión en esta vida tan posmoderna que me tocó vivir.
Pero, los sueños que surgen durante la noche, mientras el proceso de descanso se lleva a cabo, son los que más me intrigan. Yo sueño no sólo con imágenes y diálogos. También se aderezan con una banda sonora y con aromas. Casi puedo percibir el olor de las flores, de los lugares tumultuosos y de la soledad.
Sin embargo, anoche sucedió algo extraño: soñé con un beso que no tenía sabor, no tenía sonido, ni tenía imagen. Únicamente se me quedó un batir de pecho tan profundo, que fue más impactantes que todos los artilugios recurrentes de mis ensoñaciones. Soñé y estoy segura de que eso me sucedió en otro tiempo, en otra vida.
Etiquetas: sueño
junio 22, 2009
Boda sin compromiso
Este fin de semana viví un sábado cualquiera, con las mismas actividades de los últimos meses que obviamente incluyen despedidas de soltera, comidas familiares y bodas. Ahora que lo pienso, mis sábados terminan en boda, aunque no lo tenga propiamente planeado.
Estando en uno de esos eventos sociales donde las mujeres conversan, dan consejos a la próxima señora, hablan de ropa, tendencias en colores, historias antiguas de amor y cuentan cómo es que son las más cercanas a los próximos desposados, un atractivo caballero me llamó para rescatarme de esa carga excesiva de feminidad.
Salí gustosa de ese lugar, no porque no estuviera entretenida, sino que me sentí tranquila de respirar el aire fresco una mañana soleada de sábado, en vez del conocido ambiente enrarecido de los restaurantes de especialidad durante los desayunos. Y de allí en adelante, después de cumplir con los trámites por los que había sido solicitada mi presencia, con mi vestido de vuelos azules, me dediqué a hablar de lo que me gusta, tomar lo que me gusta, contemplar lo que me gusta. Hora tras hora nos sentamos a conversar y no, a planear el futuro inmediato y el disfuncional futuro lejano, inexistente, brumoso, pero optimista.
Y en un segundo, me vi envuelta en el sueño de una familia nueva, de hijos por educar, de alguien a quién cuidar, de familia política, de navidades compartidas, de discusiones por los nombres de los pequeños, de pagos de seguros de vida y de colegiaturas. Así fue como en menos de 2 horas resolvimos unir nuestras vidas en ese mismo futuro disfuncional, lejano e inexistente que nos puede convenir tanto, a mi compañero y a mí.
Y gracias a esa euforia de sueños, decidimos ir a otro lugar, sentarnos a contemplar las plazas del centro, las iglesias, los parques. Ser parte y no de los viandantes que quieren ser invisibles, que se sientan en un kiosco a darle color a sus zapatos, a despercudirse el polvo de la semana y a refrescar la información que puedan obtener de otros que tampoco tiene algo que ver con ellos mismos. Esa fotografía, vista a través de mi vaso con agua mineral y la cerveza de mi compañía, tomó matices que no esperábamos para esa tarde.
De pronto, frente a la iglesia que teníamos enfrente, empezó a reunirse un grupo de personas de trajes brillosos, algunos, a mi gusto, más descubiertos de lo que el decoro permite para los recintos religiosos. Pero eso no importaba, porque era notorio que la felicidad lo cubría todo. Y una y otra vez vimos dar vueltas a un novio ansioso, indeciso quizá, meditabundo, asustado. Hasta que entró a la iglesia y nos olvidamos del asunto. Pero, a los pocos minutos, otra cosa llamó nuestra atención: en la bayoneta se formaron dos autos de novia, llenos de flores y moños. Por un momento pensamos que uno sería del novio y otro de la novia. Pero, observando detenidamente, notamos como dentro de uno de los autos se arremolinaba un merengue inmaculado de tul, organza, chifones y tafeta; y en el otro venía invadido por plumas, flores y un perfume escandaloso que se percibía hasta el restaurante donde estábamos sentados.
Dos novias, dos bodas. La curiosidad hizo presa de nosotros. Especulamos mucho sobre el motivo de una ceremonia doble. ¿Amigas inseparables? ¿Desconocidas resignadas a compartir gracias a la falta de espacios exclusivos? La única forma de averiguarlo era asistiendo a la ceremonia. Unos minutos después, ya estábamos dentro de la iglesia, escuchando los votos de amor de dos parejas. Ellas eran hermanas y obviamente le dieron a la mayor el honor de ser casada primero. Fue allí en el atrio donde nos enteramos de la vida de ambas. Una se casaba con un extranjero, la otra se casaba con el amor de su vida. Y entre felicitaciones, parabienes, abrazos, globos al viento y gozo ajeno, fingimos conocer y saber la vida entera de quienes nos habían causado curiosidad. Y como eso no podía parar allí, como las tradiciones deben cumplirse, celebramos una boda más un fin de semana que teníamos libre.
Y luego, después de reflexionar lo suficiente, caigo en cuenta de que la vida cambia en un momento. Y no me refiero al hecho de asistir o no a eventos sociales. Más bien, hablo de que estoy ansiosa esperando que la vida me sorprenda con llamadas espontáneas, tazas de café no planeadas y burbujeantes bebidas que abran mis ojos y mi corazón para que yo pueda notar cuando el destino tenga mi nombre escrito. Los sueños de familias inexistentes son sólo eso: fantasías. Lo que es hoy, es que disfruto de momentos inesperados con compañías esperadas. Me gustaría asegurar que mi futuro piensa lo mismo que el hoy, pero con un ligero cambio: un poco de amor.
Estando en uno de esos eventos sociales donde las mujeres conversan, dan consejos a la próxima señora, hablan de ropa, tendencias en colores, historias antiguas de amor y cuentan cómo es que son las más cercanas a los próximos desposados, un atractivo caballero me llamó para rescatarme de esa carga excesiva de feminidad.
Salí gustosa de ese lugar, no porque no estuviera entretenida, sino que me sentí tranquila de respirar el aire fresco una mañana soleada de sábado, en vez del conocido ambiente enrarecido de los restaurantes de especialidad durante los desayunos. Y de allí en adelante, después de cumplir con los trámites por los que había sido solicitada mi presencia, con mi vestido de vuelos azules, me dediqué a hablar de lo que me gusta, tomar lo que me gusta, contemplar lo que me gusta. Hora tras hora nos sentamos a conversar y no, a planear el futuro inmediato y el disfuncional futuro lejano, inexistente, brumoso, pero optimista.
Y en un segundo, me vi envuelta en el sueño de una familia nueva, de hijos por educar, de alguien a quién cuidar, de familia política, de navidades compartidas, de discusiones por los nombres de los pequeños, de pagos de seguros de vida y de colegiaturas. Así fue como en menos de 2 horas resolvimos unir nuestras vidas en ese mismo futuro disfuncional, lejano e inexistente que nos puede convenir tanto, a mi compañero y a mí.
Y gracias a esa euforia de sueños, decidimos ir a otro lugar, sentarnos a contemplar las plazas del centro, las iglesias, los parques. Ser parte y no de los viandantes que quieren ser invisibles, que se sientan en un kiosco a darle color a sus zapatos, a despercudirse el polvo de la semana y a refrescar la información que puedan obtener de otros que tampoco tiene algo que ver con ellos mismos. Esa fotografía, vista a través de mi vaso con agua mineral y la cerveza de mi compañía, tomó matices que no esperábamos para esa tarde.
De pronto, frente a la iglesia que teníamos enfrente, empezó a reunirse un grupo de personas de trajes brillosos, algunos, a mi gusto, más descubiertos de lo que el decoro permite para los recintos religiosos. Pero eso no importaba, porque era notorio que la felicidad lo cubría todo. Y una y otra vez vimos dar vueltas a un novio ansioso, indeciso quizá, meditabundo, asustado. Hasta que entró a la iglesia y nos olvidamos del asunto. Pero, a los pocos minutos, otra cosa llamó nuestra atención: en la bayoneta se formaron dos autos de novia, llenos de flores y moños. Por un momento pensamos que uno sería del novio y otro de la novia. Pero, observando detenidamente, notamos como dentro de uno de los autos se arremolinaba un merengue inmaculado de tul, organza, chifones y tafeta; y en el otro venía invadido por plumas, flores y un perfume escandaloso que se percibía hasta el restaurante donde estábamos sentados.
Dos novias, dos bodas. La curiosidad hizo presa de nosotros. Especulamos mucho sobre el motivo de una ceremonia doble. ¿Amigas inseparables? ¿Desconocidas resignadas a compartir gracias a la falta de espacios exclusivos? La única forma de averiguarlo era asistiendo a la ceremonia. Unos minutos después, ya estábamos dentro de la iglesia, escuchando los votos de amor de dos parejas. Ellas eran hermanas y obviamente le dieron a la mayor el honor de ser casada primero. Fue allí en el atrio donde nos enteramos de la vida de ambas. Una se casaba con un extranjero, la otra se casaba con el amor de su vida. Y entre felicitaciones, parabienes, abrazos, globos al viento y gozo ajeno, fingimos conocer y saber la vida entera de quienes nos habían causado curiosidad. Y como eso no podía parar allí, como las tradiciones deben cumplirse, celebramos una boda más un fin de semana que teníamos libre.
Y luego, después de reflexionar lo suficiente, caigo en cuenta de que la vida cambia en un momento. Y no me refiero al hecho de asistir o no a eventos sociales. Más bien, hablo de que estoy ansiosa esperando que la vida me sorprenda con llamadas espontáneas, tazas de café no planeadas y burbujeantes bebidas que abran mis ojos y mi corazón para que yo pueda notar cuando el destino tenga mi nombre escrito. Los sueños de familias inexistentes son sólo eso: fantasías. Lo que es hoy, es que disfruto de momentos inesperados con compañías esperadas. Me gustaría asegurar que mi futuro piensa lo mismo que el hoy, pero con un ligero cambio: un poco de amor.
febrero 16, 2009
febrero 06, 2009
El culpable de la culpa
Son los ímpetus de las pasiones, deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse.
Baltasar Gracián
Hay minutos en que me siento vieja. Hay minutos en que me molesta que se disturbe mi rutina. Hay minutos en que me doy por enterada de que no soy una mozuela que tenga todo el permiso de equivocarse y lograr la pronta reivindicación. Hay minutos en que me pesa tener la edad que tengo y estar apostada dónde estoy y cómo estoy, en esta parodia de disoluta actuación infantil y de imperceptible madurez.
Sin embargo, también hay mañanas completas en que me levanto con un brío que me hace creer que tengo de vuelta 16 años y que si yerro lo único que hay que hacer para sanar al corazón es llorar hasta la siguiente sonrisa. Momentos en que cuando llega el alba, un aire de vehemencia hace presa de mí y me siento capaz de correr hasta que mis pies se despeguen de este suelo sin saber a dónde voy a llegar; me siento capaz de amar sin que importe otra cosa, de besar hasta que se me desgaste la noche y la intención.
Hay tardes en que me recorre un impulso, un ardor que me nubla por completo y me hace actuar con toda esa pasión que da la inexperiencia, pero con la frialdad que he adquirido con los años; con una planeación y exactitud que me extrañan porque a lo único que me llevan es a la perfidia contra mí misma.
Y al llegar la noche, después del ímpetu y revuelo de todo mi día, cuando pongo la cabeza en la almohada y el cuerpo entre las sábanas recién cambiadas, el ansia no me deja dormir. Me acosa la desesperación, la culpa por actuar de esa manera desbocada que me lleva a perder la cordura. Pero la cordura también me molesta, murmura en mi oído que es ella quien no me permite ser más libre y más feliz.
Al final de cuentas, el ímpetu es el culpable de todo. Mi cordura no tendrían atisbo de duda, si no hubiera algo que le encendiera la sangre y la hiciera deslizarse hasta la perdición en la que, por instantes, me siento inmersa. La culpa de la culpa no es mía, así que me sentiré menos culpable por la culpa que tengo, pero que no me pertenece.
Y cuando llego a estos dilemas, me doy cuenta de que no estoy tan envejecida. Alguien viejo no tendría problema en resolver los hechos de la vida. Es más, no tendría que resolverlos. Simplemente los viviría. Hay días completos en que me gustaría ser vieja y no sólo sentirme como tal. Me gustaría sólo por un minuto perderme en la emoción del día a día y no en la esperanza del mañana.
Sin embargo, también hay mañanas completas en que me levanto con un brío que me hace creer que tengo de vuelta 16 años y que si yerro lo único que hay que hacer para sanar al corazón es llorar hasta la siguiente sonrisa. Momentos en que cuando llega el alba, un aire de vehemencia hace presa de mí y me siento capaz de correr hasta que mis pies se despeguen de este suelo sin saber a dónde voy a llegar; me siento capaz de amar sin que importe otra cosa, de besar hasta que se me desgaste la noche y la intención.
Hay tardes en que me recorre un impulso, un ardor que me nubla por completo y me hace actuar con toda esa pasión que da la inexperiencia, pero con la frialdad que he adquirido con los años; con una planeación y exactitud que me extrañan porque a lo único que me llevan es a la perfidia contra mí misma.
Y al llegar la noche, después del ímpetu y revuelo de todo mi día, cuando pongo la cabeza en la almohada y el cuerpo entre las sábanas recién cambiadas, el ansia no me deja dormir. Me acosa la desesperación, la culpa por actuar de esa manera desbocada que me lleva a perder la cordura. Pero la cordura también me molesta, murmura en mi oído que es ella quien no me permite ser más libre y más feliz.
Al final de cuentas, el ímpetu es el culpable de todo. Mi cordura no tendrían atisbo de duda, si no hubiera algo que le encendiera la sangre y la hiciera deslizarse hasta la perdición en la que, por instantes, me siento inmersa. La culpa de la culpa no es mía, así que me sentiré menos culpable por la culpa que tengo, pero que no me pertenece.
Y cuando llego a estos dilemas, me doy cuenta de que no estoy tan envejecida. Alguien viejo no tendría problema en resolver los hechos de la vida. Es más, no tendría que resolverlos. Simplemente los viviría. Hay días completos en que me gustaría ser vieja y no sólo sentirme como tal. Me gustaría sólo por un minuto perderme en la emoción del día a día y no en la esperanza del mañana.
noviembre 28, 2008
Cine, Cine, Cine, Cine
Para finalizar el semestre, tengo que hacer todas las tareas de Apreciación Cinematográfica que no hice durante los últimos meses.
Y ahora, mientras escribo mis reseñas de las cintas que me parecieron interesantes, escucho la canción Cine, Cine de Luis Eduardo Aute. Tengo un querido amigo que disfruta mucho la música de Aute, porque me dice que piensa en otro tiempo cuando era feliz. Yo, no puedo dejar de pensar en en festival de San Sebastián y por un minuto, siento que estoy con un precioso vestido de Valentino, entrando a admirar el arte.
El día de hoy, no tengo tiempo de soñar más. Tengo que seguir haciendo mis deberes, pero con una sonrisa, como queriendo creer en los presagios de días felices, salas vacías, buenas películas y una cena después para conversar.
Y ahora, mientras escribo mis reseñas de las cintas que me parecieron interesantes, escucho la canción Cine, Cine de Luis Eduardo Aute. Tengo un querido amigo que disfruta mucho la música de Aute, porque me dice que piensa en otro tiempo cuando era feliz. Yo, no puedo dejar de pensar en en festival de San Sebastián y por un minuto, siento que estoy con un precioso vestido de Valentino, entrando a admirar el arte.
El día de hoy, no tengo tiempo de soñar más. Tengo que seguir haciendo mis deberes, pero con una sonrisa, como queriendo creer en los presagios de días felices, salas vacías, buenas películas y una cena después para conversar.
septiembre 19, 2008
Un sueño más
Soñé que fumaba y no me gustó. Nunca he fumado en mi vida, ni siquiera en sueños me había sucedido. Y extrañamente, me sentía experta en la forma de agarrar la cajetilla, golpearla un poco; sacar el delgado y largo cigarrillo y luego extenderlo para que alguien lo encendiera para mí.
En el sueño no me vi fumando, simplemente preparé el escenario y luego, al despertar, sentí un sofoco profundo.
Insisto, soñé que fumaba y no me gustó el sabor de despertar con los labios impregnados de nicotina onírica.
En el sueño no me vi fumando, simplemente preparé el escenario y luego, al despertar, sentí un sofoco profundo.
Insisto, soñé que fumaba y no me gustó el sabor de despertar con los labios impregnados de nicotina onírica.
agosto 28, 2008
Ha llovido tanto
Como bien dije antes, una de las cosas que tengo por seguro, es que en mi cumpleaños llueve. Y este año, a partir de mi cumpleaños ha llovido casi todos los días.
Pero anoche me di cuenta de qué he escrito mucho sobre la lluvia en este verano. Y lo he escrito sólo para mí. Y llegué a esta reflexión, porque de pronto me vi sola, caminando sin prisa hacia un lejano estacionamiento. Llovía incesantemente y me fijé que muchas parejas corrían para llegar a cualquier lugar. Unos iban apresurados con cara de enojo o preocupación; otros corrían con mucha alegría; unos más iban más al pendiente del otro que de sí mismos. Y yo veía todo eso a cámara lenta, caminando despacio, muy despacio, como si al hacerlo, entrara de puntitas a la vida de los otros y admirara con sigilo su felicidad.
Y ese es el punto interesante, que me deleito en observar, pero no me he complacido en ser la protagonista de una de esas historias donde la lluvia no moja, y si lo hace, sirve de pretexto para apretar los cuerpos buscando calor y acercar los labios con ansia; siendo el objeto de las miradas furtivas.
¿Será que en mí se desarrolla el vouyerismo romántico (aclaro el punto)?
No lo sé. Me gusta caminar sola. Me gusta observar en silencio.
Dicen que si deseas algo de verdad, con toda tu mente, se cumple. Y voy a decir algo: eso es mentira. Yo anoche desee por un minuto, con todas mis fuerzas, que hubiera alguien a mi lado que me abrazara y besara mis labios con ternura o con pasión. Yo anoche lo desee y no paso nada. Desperté esta mañana y mi cama seguía vacía. Nadie puso café para mí, ni nadie esperó que yo abriera los ojos, para decir, que era feliz.
Así que dejemos de perder el tiempo en eso de deseos, secretos y atracciones mentales. Eso no sirve señoras y señores. No sirve.
De ahora en adelante, me ocuparé de pensamientos más productivos, como enfocarme de verdad en asuntos serios de mi trabajo o en cumplir con las obligaciones de la escuela. Ya basta de pensamientos infantiles, romanticoides y anticuados. Suficiente de sentir o de pensar con sentimientos. Lo que necesito es pensar, pensar, pensar y pensar; para poder actuar con mayor congruencia. Eso es todo.
Pero anoche me di cuenta de qué he escrito mucho sobre la lluvia en este verano. Y lo he escrito sólo para mí. Y llegué a esta reflexión, porque de pronto me vi sola, caminando sin prisa hacia un lejano estacionamiento. Llovía incesantemente y me fijé que muchas parejas corrían para llegar a cualquier lugar. Unos iban apresurados con cara de enojo o preocupación; otros corrían con mucha alegría; unos más iban más al pendiente del otro que de sí mismos. Y yo veía todo eso a cámara lenta, caminando despacio, muy despacio, como si al hacerlo, entrara de puntitas a la vida de los otros y admirara con sigilo su felicidad.
Y ese es el punto interesante, que me deleito en observar, pero no me he complacido en ser la protagonista de una de esas historias donde la lluvia no moja, y si lo hace, sirve de pretexto para apretar los cuerpos buscando calor y acercar los labios con ansia; siendo el objeto de las miradas furtivas.
¿Será que en mí se desarrolla el vouyerismo romántico (aclaro el punto)?
No lo sé. Me gusta caminar sola. Me gusta observar en silencio.
Dicen que si deseas algo de verdad, con toda tu mente, se cumple. Y voy a decir algo: eso es mentira. Yo anoche desee por un minuto, con todas mis fuerzas, que hubiera alguien a mi lado que me abrazara y besara mis labios con ternura o con pasión. Yo anoche lo desee y no paso nada. Desperté esta mañana y mi cama seguía vacía. Nadie puso café para mí, ni nadie esperó que yo abriera los ojos, para decir, que era feliz.
Así que dejemos de perder el tiempo en eso de deseos, secretos y atracciones mentales. Eso no sirve señoras y señores. No sirve.
De ahora en adelante, me ocuparé de pensamientos más productivos, como enfocarme de verdad en asuntos serios de mi trabajo o en cumplir con las obligaciones de la escuela. Ya basta de pensamientos infantiles, romanticoides y anticuados. Suficiente de sentir o de pensar con sentimientos. Lo que necesito es pensar, pensar, pensar y pensar; para poder actuar con mayor congruencia. Eso es todo.
Etiquetas: De vuelta a la escuela, lluvia, minutos, placeres ocultos, sueño
julio 23, 2008
La Flor de la Mañana
Hace unos días, me dio por pensar sobre lo maravillosas que son las mañanas. Sinceramente, pocos días las disfruto, porque siempre me enfrasco en las actividades pendientes y no tomo un minuto para respirar en paz, sin pensar en lo que tengo que hacer en el resto del día.
Sin embargo, tengo algunas semanas, en que me ha tocado la oportunidad de tener unos 20 minutos más en la mañana y he reflexionado que los despertares se deben aprovechar para dos cosas:
1. Para desayunar deliciosa y apaciblemente
2. Como testigo mudo de que lo que sucedió en la noche, de verdad sucedió y no sólo fue un sueño.
Independientemente de esto (y a la par), mi mejor amigo me mostró este video:
Sin embargo, tengo algunas semanas, en que me ha tocado la oportunidad de tener unos 20 minutos más en la mañana y he reflexionado que los despertares se deben aprovechar para dos cosas:
1. Para desayunar deliciosa y apaciblemente
2. Como testigo mudo de que lo que sucedió en la noche, de verdad sucedió y no sólo fue un sueño.
Independientemente de esto (y a la par), mi mejor amigo me mostró este video:
La canción no me gusta, pero me parece muy interesante lo que veo, porque lo que veo me gusta mucho (nótese mi inclinación culinaria).
Y la pregunta que indudablemente me ha estado cruzando por la mente, que me ha estado atormentando un poco, es si algún día, habrá alguien que me invite a pasar la noche con él, únicamente para hacerme desayuno. Eso lo único. No más. Ni la compañía nocturna, ni el ansia, ni la pasión, ni la novedad, ni nada. Únicamente, el esperar hora tras hora, hasta que llegue la mañana, para que nos espíe el sol atisbando por el filo de la cortina entrecerrada y luego que el inexperto caballero, en las artes culinarias, llegue a sorprenderme con un desayuno basto, preparado con esmero... frutal. No más que eso. No más que el detalle de los kiwis mal cortados, pero puestos delicadamente en la copa alta. No los huevos perfectos, ni las crepas simétricas, pero sí las aromáticas naranjas exprimidas, transformadas en un jugo con todo y sus taninos. Y terminar de despertar, gracias al aroma del café que lo invade todo y anuncia que no hay vuelta atrás, que la mañana es lo que es y que indudablemente ya llegó.
Eso es todo. Y la pregunta sigue rondando mientras el corazón se arruga un poco. En días como hoy, donde la mañana ya se me fue, quisiera no pensar en estas cosas que no suceden. No quiero pensar que el día que viene, se va a ir con todo y su irrepetible alba y yo voy a estar aquí, a esta hora, añorando lo que no tiene posibilidades de ocurrir.
Y la pregunta que indudablemente me ha estado cruzando por la mente, que me ha estado atormentando un poco, es si algún día, habrá alguien que me invite a pasar la noche con él, únicamente para hacerme desayuno. Eso lo único. No más. Ni la compañía nocturna, ni el ansia, ni la pasión, ni la novedad, ni nada. Únicamente, el esperar hora tras hora, hasta que llegue la mañana, para que nos espíe el sol atisbando por el filo de la cortina entrecerrada y luego que el inexperto caballero, en las artes culinarias, llegue a sorprenderme con un desayuno basto, preparado con esmero... frutal. No más que eso. No más que el detalle de los kiwis mal cortados, pero puestos delicadamente en la copa alta. No los huevos perfectos, ni las crepas simétricas, pero sí las aromáticas naranjas exprimidas, transformadas en un jugo con todo y sus taninos. Y terminar de despertar, gracias al aroma del café que lo invade todo y anuncia que no hay vuelta atrás, que la mañana es lo que es y que indudablemente ya llegó.
Eso es todo. Y la pregunta sigue rondando mientras el corazón se arruga un poco. En días como hoy, donde la mañana ya se me fue, quisiera no pensar en estas cosas que no suceden. No quiero pensar que el día que viene, se va a ir con todo y su irrepetible alba y yo voy a estar aquí, a esta hora, añorando lo que no tiene posibilidades de ocurrir.
Etiquetas: canción, minutos, placeres ocultos, sabores, sueño
junio 18, 2008
Otro sueño
Hay sueños que tienen un gran peso en nosotros. Sueños que no son ligeros, ni divertidos, ni agradables... que son más bien angustiantes y caen muy hondo, a tal grado que llegan a despertarnos con esa sensación de pesadez en los brazos.
Hace 2 años tuve una serie de 15 días soñando con todo y continuaciones. Al día 15 sabía que era el último y hasta tuve un resumen de todo lo sucedido. Recuerdo que esa noche desperté con una marca, un enrojecimiento, una señal como de dientes en mi oreja. Fue allí cuando tomé conciencia de lo mucho que me impresionan mis sueños.
Pues anoche tuve otro sueño de esos que no me gustan, pero me intrigan. Tuve por primera vez el típico sueño donde uno aparece desnudo frente a conocidos y desconocidos (pero famosos). Lo que más me angustiaba es que los demás fueran a pensar que yo no tenía todo el glamour para lucir sin ropa. No sé, veía mi piel sin chispita, sin luces naturales, mis pies no estaban pedicurados como acostumbran, no me había puesto crema hidratante en los codos y se me notaba mucho la manchita de la espalda (esa que muy pocos conocen, es más, creo que fuera de mi hermana, nadie se ha percatado que la tengo).
Y luego aparecía "ella". Ella es la que más me preocupaba con todo y su opinión. Aunque sé que su cuerpo es tan imperfecto como cualquiera, no quería lucir mal frente a ella. No quería que tuviera ningún motivo para recordar algo malo en mí. Ella y su amiga me preocupaban.
Y esta mañana, cuando tomé la ducha, no quise mirarme al espejo, ni para lavar mis dientes. Decidí que no era el mejor día para descubrir los conocidos desperfectos y criticarlos con rudeza. Hoy no. Quizá mañana, cuando haya bajado 20 kilos y mi piel luzca radiante. Quizá.
Hace 2 años tuve una serie de 15 días soñando con todo y continuaciones. Al día 15 sabía que era el último y hasta tuve un resumen de todo lo sucedido. Recuerdo que esa noche desperté con una marca, un enrojecimiento, una señal como de dientes en mi oreja. Fue allí cuando tomé conciencia de lo mucho que me impresionan mis sueños.
Pues anoche tuve otro sueño de esos que no me gustan, pero me intrigan. Tuve por primera vez el típico sueño donde uno aparece desnudo frente a conocidos y desconocidos (pero famosos). Lo que más me angustiaba es que los demás fueran a pensar que yo no tenía todo el glamour para lucir sin ropa. No sé, veía mi piel sin chispita, sin luces naturales, mis pies no estaban pedicurados como acostumbran, no me había puesto crema hidratante en los codos y se me notaba mucho la manchita de la espalda (esa que muy pocos conocen, es más, creo que fuera de mi hermana, nadie se ha percatado que la tengo).
Y luego aparecía "ella". Ella es la que más me preocupaba con todo y su opinión. Aunque sé que su cuerpo es tan imperfecto como cualquiera, no quería lucir mal frente a ella. No quería que tuviera ningún motivo para recordar algo malo en mí. Ella y su amiga me preocupaban.
Y esta mañana, cuando tomé la ducha, no quise mirarme al espejo, ni para lavar mis dientes. Decidí que no era el mejor día para descubrir los conocidos desperfectos y criticarlos con rudeza. Hoy no. Quizá mañana, cuando haya bajado 20 kilos y mi piel luzca radiante. Quizá.
Etiquetas: para una amiga, sueño
mayo 19, 2008
El día en que la gastritis se acabó y yo desperté de un mal sueño
Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.
Groucho Marx
Muchas veces me he cuestionado (como todos los mortales), si en alguna ocasión el amor habrá tocado mi puerta... y peor aún, me he cuestionado si en algún momento lo hará. No dudo que yo haya jugado con él a eso de tocar el timbre y luego salir corriendo. Quizá él ha estado jugando conmigo a lo mismo y no me doy cuenta. Por eso ya no me cree, ni yo le creo.
Digo, este no es tema que me aflija ni que forme parte del coctel diario de vanas meditaciones. Sin embargo, lo que logra incomodarme bastante es la incertidumbre sensorial. Entiéndase por incertidumbre sensorial, que no sé si pueda reconocer lo que "se debe percibir", cuando uno "debe de amar".
Pero independientemente de eso, hace algunos años mi lógica, mi corazón y mis hormonas me hablaban a los gritos, ordenándome que debía amar y así lo hice. Y esto lo he recordado porque durante 3,5 años me levantaba cada mañana con un intenso dolor en el vientre. Me recetaron muchos remedios y consejos que al fin y al cabo, yo supuse que habían surtido su efecto. Y una mañana del mes de mayo me desperté y no sentí nada.
Hace casi 7 años que no siento nada y sigo comiendo lo mismo de siempre.
Digo, este no es tema que me aflija ni que forme parte del coctel diario de vanas meditaciones. Sin embargo, lo que logra incomodarme bastante es la incertidumbre sensorial. Entiéndase por incertidumbre sensorial, que no sé si pueda reconocer lo que "se debe percibir", cuando uno "debe de amar".
Pero independientemente de eso, hace algunos años mi lógica, mi corazón y mis hormonas me hablaban a los gritos, ordenándome que debía amar y así lo hice. Y esto lo he recordado porque durante 3,5 años me levantaba cada mañana con un intenso dolor en el vientre. Me recetaron muchos remedios y consejos que al fin y al cabo, yo supuse que habían surtido su efecto. Y una mañana del mes de mayo me desperté y no sentí nada.
Hace casi 7 años que no siento nada y sigo comiendo lo mismo de siempre.
noviembre 04, 2007
Un sueño
Recordé que había soñado algo, por un cortometraje que vi esta tarde. No recuerdo el nombre, sólo que era de Sopa de Pato Producciones y es sobre una extraña relación entre una mujer, su puerta y un sacerdote.
El punto medular (y motivo al que le achaco que no pudiera entender el corto), es que la mujer había perdido un zapato.
Inmediatamente me atacaron los recuerdos, las emociones y de pronto, volví a soñar pero ahora con los ojos abiertos.
Y es que anoche soñé que soñaba que había perdido un zapato en un centro comercial. Y lo había perdido por estarme probando otros tantos. De pronto, al darme cuenta de la penosa situación, regresé a todos los lugares donde había estado, con el fin de encontrar apresuradamente mi zapato. Así fue como me descubrí buscando entre Prada, Jimmy Choo y hasta NineWest, mi precioso, ordinario y cotidiano calzado. No lo encontré y me tuve que conformar con unos zapatitos de charol bicolores (puntita gris con negro) que penosamente estuve paseando por toda la tienda hasta encontrar mis viejitos. En ese trajinar, en esa angustia me topé con muchas personas que me pedía ayuda para encontrar objetos perdidos que rápidamente localizaba.
En fin... fue un sueño penoso, angustiante... tanto así que me desperté poco antes de las seis de la mañana (en domingo) e instintivamente fui a mi closet a ordenar todos los pares de zapatos. No vaya siendo que uno se haya quedado olvidado por allí ;).
El punto medular (y motivo al que le achaco que no pudiera entender el corto), es que la mujer había perdido un zapato.
Inmediatamente me atacaron los recuerdos, las emociones y de pronto, volví a soñar pero ahora con los ojos abiertos.
Y es que anoche soñé que soñaba que había perdido un zapato en un centro comercial. Y lo había perdido por estarme probando otros tantos. De pronto, al darme cuenta de la penosa situación, regresé a todos los lugares donde había estado, con el fin de encontrar apresuradamente mi zapato. Así fue como me descubrí buscando entre Prada, Jimmy Choo y hasta NineWest, mi precioso, ordinario y cotidiano calzado. No lo encontré y me tuve que conformar con unos zapatitos de charol bicolores (puntita gris con negro) que penosamente estuve paseando por toda la tienda hasta encontrar mis viejitos. En ese trajinar, en esa angustia me topé con muchas personas que me pedía ayuda para encontrar objetos perdidos que rápidamente localizaba.
En fin... fue un sueño penoso, angustiante... tanto así que me desperté poco antes de las seis de la mañana (en domingo) e instintivamente fui a mi closet a ordenar todos los pares de zapatos. No vaya siendo que uno se haya quedado olvidado por allí ;).

Etiquetas: placeres ocultos, sueño
octubre 20, 2007
Nadie como tú
Hace algunos días me ha venido rondando esta canción. No sé el porque. Recuerdo que la escuchaba mucho en el año 2000, pero no tenía un significado particular en mi vida (digo, ni ahora lo tiene... pero... me gustaría pensar que lo va a tener).
Nadie como tú
Nadie como tú, no quiero equivocarme
pero no ha habido nadie
donde encontrar más luz.
Nadie como tú, que crezca con la risa
ni entienda la caricia
como la entiendes tú.
Nadie como tú, con quien amanecer
y quiera mañanas mas que ayeres.
Vuela mi alma, vuela hacia otros sueños
y no encuentra,
nadie con tu despertar
ni tu forma de amar.
Nadie como tú.
No, nadie como tú.
Nadie como tú.
septiembre 28, 2007
Anoche dormí poco
Anoche dormí poco, pero no amanecí cansada. No negaré que desperté con deseo de dormir un poquito más, pero no fue esa sensación de agotamiento tal, que te hace confiar en que los 5 minutos adicionales se convertirán en 2 horas y luego llegar arrepentido, corriendo y mal arreglado al trabajo (pero eso sí, bien dormido y con poca culpa).
Anoche dormí poco, sólo por el hecho de que no quería soñar. Así que con una aguja y cientos de metros de estambre engañé a la noche y asuste al sueño.
Anoche dormí poco, para ocupar mi mente con pensamientos tan complejos como: punta-centro-entra-vuelta-jala-punta... punta-centro-entra-vuelta-jala-punta... cuarenta de derecho... cuarenta de revés. Y alejar los pensamientos absurdos como: qué haré mañana, a dónde iré, le diré o no le diré, mi iré o me quedaré.
Anoche dormí poco, pero pasé una noche muy tranquila. Dormí pensando en hebras infinitas de colores a mi elección.
Anoche dormí poco, porque estuve tejiendo. Tejí y destejí. Tejí y destejí. Realmente se convirtió en algo tan terapéutico ponerme metas imposibles de perfeccionamiento de los puntos, que el fin del proyecto se vislumbra tan lejano y aún me quedan miles de puntadas y cientos de minutos.
Anoche dormí poco. Anoche soñé que durante una noche me llamaba Penélope.
Anoche dormí poco, sólo por el hecho de que no quería soñar. Así que con una aguja y cientos de metros de estambre engañé a la noche y asuste al sueño.
Anoche dormí poco, para ocupar mi mente con pensamientos tan complejos como: punta-centro-entra-vuelta-jala-punta... punta-centro-entra-vuelta-jala-punta... cuarenta de derecho... cuarenta de revés. Y alejar los pensamientos absurdos como: qué haré mañana, a dónde iré, le diré o no le diré, mi iré o me quedaré.
Anoche dormí poco, pero pasé una noche muy tranquila. Dormí pensando en hebras infinitas de colores a mi elección.
Anoche dormí poco, porque estuve tejiendo. Tejí y destejí. Tejí y destejí. Realmente se convirtió en algo tan terapéutico ponerme metas imposibles de perfeccionamiento de los puntos, que el fin del proyecto se vislumbra tan lejano y aún me quedan miles de puntadas y cientos de minutos.
Anoche dormí poco. Anoche soñé que durante una noche me llamaba Penélope.
Etiquetas: minutos, placeres ocultos, sueño
septiembre 26, 2007
Lazo para pelo

(Timbre del teléfono)
-Sí
-Hola, ¿tienes un lazo negro, que me puedas prestar, para el pelo?
-Claro. Tengo uno cortito que uso de vez en vez. Si no es indiscreción, ¿para qué lo necesitas?
-Es que estoy de luto
-Ah, lo entiendo. Lo siento mucho. Cuando gustes puedes pasar por el lazo negro. Imagino que se verá hermoso en tu cabellera tan rubia.
Y luego me desperté pensando si ella estará de luto.
Etiquetas: para una amiga, sueño
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