abril 21, 2009

Días de Fiesta

Por primera vez en la vida, ayer experimenté algo completamente mexicano, lleno de luz, de color, con estruendosos metales, cristales y el bullicio de la gente; todo inundado por el olor de la comida frita, de las frutas y los dulces.

Ayer, fui a la feria. Nunca antes había ido y por circunstancias ajenas a mí, de pronto me encontré envuelta en ese espacio tan mexicano, que me puso feliz.

No hay mucho que pueda decir al respecto, sólo que mis ojos se llenaron de colores que me transportaron a la infancia, donde todo asombraba, todo tenía brillo y todo era nuevo.

abril 17, 2009

El vicio del facebook



Eso de las redes sociales ha cautivado al mundo. A través de ellas me puedo enterar de lo que pasa con mis amistades (sin importar en que parte del mundo estén), aún de mejor manera que si mantuviera una conversación informativa con cualquiera. Pero a su vez, esa cercanía genera roces que aún no sé bien cómo manejar.

Algo que me tiene intrigada es la capacidad de acoso que se puede generar. Me considero una mujer curiosa, que le gusta jactarse de ser un poco perspicaz. Y esto del facebook lo único que ha hecho es convertirse en una herramienta del mal, pero invaluable para saber dónde estuvieron, con quién, qué comieron, hasta qué hora se desvelaron y si al día siguiente fueron a trabajar.

También la uso para la sana diversión, porque me sorprendo con una sonrisa al ver que me etiquetan en fotografías muy viejitas o en fotografías del día anterior, de las cuáles no me di por enterada. Sobre todo, me complace usarlo para ver fotografías de bodas. Bodas de gente que no conozco, o de amigos que no frecuento, o de familiares muy lejanos. Bodas a la usanza tradicional, bodas muy estrafalarias, bodas orientales o con rituales mayas.

Me entretiene leer las frustraciones diarias de otros y sus deseos más fútiles; estar segura de que tal persona odia su trabajo y que otra más ha terminado definitivamente con su pareja de tantos años.

Sin embargo, la diversión más grande, es enterarse de la vida de aquellos que no son nuestros "amigos". El estar hurgando entre comentarios para ver si alguno nos da la entrada a una fotografía que muestre lo que esa persona hizo el fin de semana; saber si está más gordo; poder localizar a sus amigos; conocer su estatus marital. En fin, todo un trabajo de espionaje de fino ajuste para que el otro no se entere que tenemos una apremiante necesidad de conocer lo que el facebook pueda revelar.

Y cada que me descubro acosando a alguien, o que ayudo a una amiga a hacerlo, digo que no lo volveré a hacer, que eso es la mayor pérdida de valiosos minutos, de respeto y de buenos modales. Sin embargo, de manera invariable, todas las noches regreso al vicio y no puedo conciliar el sueño hasta después de haber visto la actualización de status de mis amigos, si aparecí en las fotos de fin de semana y si tal persona ya regresó de vacaciones. Y en la mañana muy temprano, junto con el despertador, vuelvo a revisar que el mundo del facebook no haya cambiado mucho entre 1:00 y 5:30 de la mañana. Esto es un vicio con el que ya no puedo, pero definitivamente no voy a dejar.

abril 16, 2009

La moralina en la mujer espejo

Hace algunos meses, mi nonagenaria abuela me prestó un libro porque dijo que tenía "bonitos y sabios consejos para la vida de cualquier jovencita inocente y sin malicia". Mi abuela es encantadora, yo sé que lo que me dice es porque en verdad lo cree, porque piensa que la vida sigue siendo como a principios del siglo pasado, donde la gente se ensimismaba con asuntos de la moral, para no pensar en la Revolución que estaba matando a los hombres y empobreciendo a las mujeres.

Como prueba de que la moral y decencia es una constante en los pensamientos de esta encantadora viejecita, durante toda su vida ha ideado una serie frases que ya se han vuelto célebres entre mis amistades. Y comparto la última que mencionó, que precisamente se deriva de una historia de los tiempos de la Revolución:

"Más le vale a una mujer caer por un despeñadero, que perder su honra a manos de salvajes que no sabrán valorarla"

Escrito con esta misma tesitura, el libro de Pureza y Hermosura por Monseñor Toth Thiamer, para las jovencitas españolas de 1944, me hizo reír un poco por la manera de exponer los hechos de la vida. ¡Qué impresionantes razonamientos tiene! De verdad, que si yo hubiera nacido en esos años, ese sería mi libro de cabecera. Ha tenido tal impacto en mi vida, que un querido amigo (y con quien comparto la mayor parte de mi tiempo de conversación) está buscando una de las ediciones para comprarlo, porque no podíamos dejar de leerlo y reír.

Sin embargo, a pesar de la mal sana diversión que me brindaba, tuve que dejar esta literatura de lado, porque me entraron una serie de pensamientos y sentimientos que ya no caían en lo irrisorio o en el estudio costumbrista, sino en un acoso mental con el que no podía vivir.

No sé, de pronto mi conciencia se revistió de una moralina horrorizante. Y lo peor, es que estoy plenamente consciente de que la vida ha cambiado. Sin embargo, las palabras de Monseñor Thiamer estaban retumbando en mi cabeza y, por mofa, me dediqué a recitarlas a cada instante, pero de pronto dejaron de sonar a broma.

Eso sucedió hace varios meses y lo estoy recordando el día de hoy, porque hace 3 semanas, conocí a una personita que de seguro leyó ese libro. Es una mujer joven, casi bonita, casi agradable, casi dulce. Pero también es tan tajante, tan censuradora, tan "protectora de la moral y las buenas costumbres" que ya se ve casi vieja, casi fea, casi desagradable, casi amargada.

Y la comparo con mi abuela (quien de verdad cree en la moral y las buenas costumbres), que es una mujer de suaves palabras, de consejos, de buenas intenciones, de hermoso semblante y voz comprensiva.

En cambio, la señorita revestida de moralina, se ve aún más agotada que mi abuela. Su rostro no está surcado de arrugas, pero su semblante luce marchito. Yo digo que tanta pureza le está robando lo esencial de la vida, la está cegando y solamente le aguza los ojos y el corazón para sacar su larga lengua y envenenar a otros con su amargura.

Si hubiera un espejo que reflejara el corazón, aseguro que esta conocida señorita, luciría con un dedo apuntando a otros, la boca abierta para hablar sin dulzura y tacto; y los ojos saltones por la lupa con la que siempre mira.

Y con todo esta reflexión, me doy cuenta de que yo misma me he convertido en ella, por mirarla de esta forma tan poco cortés, así que probablemente, esta mañana, nuestros reflejos sean iguales.




abril 03, 2009

Saborcito diferente en un mes diferente


Hay muchas cosas que no hago, porque no me agradan. Pero cuando transgredo los límites autoimpuestos, existe un disfrute muy extraño.

Ahora, a media mañana, tomé una Coca Cola, muy fría, muy pequeña, muy de vidrio. Y la tomé con ese dejo de resquemor, que me hacían querer evitar que alguien me viera.

Tengo años evitando esa bebida. Pero hoy, el sabor fue una experiencia diferente. Sé que los refrescos no me gustan demasiado, sin embargo lo prohibido tiene un toque de exotismo que me gusta tener una o dos veces cada nunca.

abril 01, 2009

Mini recuento de marzo

No quiero hacer recuento de marzo, porque no fue un mes feliz.

Bien parecía al principio que se avecinaba la primavera, pero nos engañó. Estuvo frío y con intempestivo viento, de ese que no me agrada.

Marzo no merece que se hable demasiado de él.

marzo 25, 2009

Lo que me gusta comer


Definitivamente la perspectiva de salir a comer algo nuevo, siempre me emociona. Yo creo que lo que me hace sentir bien, es el pensar que tengo de frente la cita, la oportunidad, de probar cosas diferentes.

En los restaurantes, procuro en cada visita tomar otro plato, no repetir en la medida de lo posible, para así tener por seguro que no me estoy encasillando en un sabor en particular. Pero he de confesar que tengo una debilidad por el salmón y las frutas del bosque. Eso me llama de los sabores. Y me dí cuenta de que me gustan, porque se llevan maravillosamente bien con el tempranillo, mi uva favorita.

Obviamente, al final de cada comida, viene el café, que casi me hace olvidar todos los sabores anteriores que no me agradaron, pero acentúa los que me fueron deliciosos. Es como el sello, el barniz necesario para hacer brillar la creación culinaria.

Para este fin de semana, aún no tengo un plan. Pero de seguro incluiré algo de amargo sabor, conversación y cálidos sabores de rosada primavera.

marzo 19, 2009

Un recorrido por la Cd. de México


Una de mis materias favoritas, ahora que estoy de vuelta en la escuela, es Poesía Hispanoamericana.

Particularmente este semana me ha gusta leer sobre Manuel Gutiérrez Nájera. Uno de sus poemas me recordó a un buen amigo, que tengo varios años sin ver y desde hace algunos días no tengo noticias de él. El poema se llama Non Omnis Moriar. Cuando lo leímos, de verdad que pude escuchar como la voz de este buen amigo, durante la lectura de tan sentidas palabras. No sé, fue algo extraño que no me había pasado antes con un poema.

También leímos otro, que se llama La Duquesa Job, de éste, voy a poner mi párrafo favorito:

¡Y los domingos!... con que alegría
oye en su lecho bullir el día
y hasta las nueve quieta se está!
¡Cuál acurruca la perezosa,
bajo la colcha color de rosa
mientras a misa la criada va!

...

Toco; se viste; me abre; almorzamos;
con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen beefsteak
media botella de rico vino,
y en coche juntos, vamos camino
del pintoresco Chapultepec.

¡Desde las puertas de La Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club
no hay española, yanqui o francesa
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del Duque Job!


Y sí, por un momento, me imaginé a mí misma haciendo este ritual de domingo en la Cd. de México. Levantándome a las 9:00, disfrutando de estar arremolinada entre el edredón y las sábanas, para luego ir a tomar el brunch en cualesquier restaurante tranquilo; no sé, caminar con ese paso despreocupado que se da después de tomar sólo un poco de un vino ligerito; conversar y que se vayan las horas hasta que irremediablemente llegue el lunes.

En definitiva quiero vivir eso, y cuando lo esté haciendo, me voy a acordar de Gutiérrez Nájera y su duquesita; de los poemas, y de ese amigo que ya no me habla, pero que ayer, pude escuchar su voz por el poema que alguien más leyó.

Otras lenguas que no sé para que sirven, pero sí sé para que no sirven

Mujer que sabe latín

A penas hizo bien Rosario Castellanos en elegir éste como título de uno de sus ensayos. Recuerdo que este librito lo leí casi por completo en una librería. Me quedé tan interesada en el tema, que tuve que volver al día siguiente a por él, para terminarlo. De ese día hace varios años y aún no sé en qué acaba. Y el día de hoy me levanté con la esperanza de encontrar bajo toda la palabrería, algo que desmienta el conocido refrán:

Mujer que sabe latín, ni tiene marido, ni tiene buen fin.

Quizá lo busco, para no quedarme a medias posibilidades, dado mi limitado conocimiento de este idioma tan... tan complicado como el matrimonio, según cuentan mis amigas, las que no saben latín.

marzo 17, 2009

Las frutas


Mis frutas favoritas son la sandía y la fresa. Y de ambas, en más de una ocasión, he comido desmesuradamente.

De la sandía existen muchos mitos: que no se debe comer después de las 3 de la tarde, que no se debe mezclar con leche, que si se come con jamón se cae el cabello, que las semillas contienen cianuro, y demás asuntos que la vuelven una fruta peligrosamente atractiva.

Pues anoche, me atreví a comer sandía y luego tomar leche y después comer un sándwich con queso. No me pasó nada, excepto que esta mañana me levanté mareada. Muy mareada.

Insisto, la sandía es peligrosamente atractiva. No vuelvo a dudar de todos sus poderes.

marzo 13, 2009

Quiero un cepillo de dientes de color rojo


Quiero ponerle un rojo detalle a mi baño. De ahora en adelante, todos los cepillos de dientes que compre serán rojos. Rojos si ningún otro color. Quiero que todas las mañana inicien tan vivas como ese tono que tanto agrada a mis pupilas.

marzo 10, 2009

Recuento medio del mes de febrero


Febrero es como un desayuno agradable, donde uno debe fingir cierto grado de cordialidad, aunque no se haya dormido bien, el clima no sea el más adecuado y la fruta esté pasada.

Febrero es sonreír y decir "Buenos Días". De esto depende que el resto de mi año sea mejor.

Febrero es toparse con los errores de la noche anterior y hacer todo lo posible para quitar la incomodidad.

Febrero es careta necesaria para la convivencia social. Es enterarse, con certeza, de lo que la vida tiene y tuvo, al leer el diario del año anterior.

Febrero me estrujó el corazón este año, pero me hace pensar que marzo va a funcionar genuinamente mejor.

marzo 05, 2009

Las anécdotas de vida

Hay cosas que hago nada más para tener una anécdota en la vida. Cosas que no son trascendentes, pero que me dan material para contar y recordar con gusto, como por ejemplo, la vez que tomé un avión, antes de llegar a la veintena de edad, sólo por ir a otro lugar y regresar el mismo día, sin decirle a alguien.

Pero también, hay anécdotas que escribo, para que se vuelvan trascendentes, para que exista la constancia de que las cosas sucedieron y que otros se puedan reír como lo hice yo. Tal es el caso de lo que me sucedió días atrás.

La vida de rutinas que me he fabricado, de vez en vez me da un descanso y me permite salir, ir al cine a deshoras, cenar y hacer las cosas que me gustan, sin que estén planeadas. Pues bien, uno de esos días de sorpresa, recibí una invitación para salir, que gustosamente acepté. Por cuestiones del clima y la comodidad opté por cambiarme de ropa. Pero como el suéter que me gusta, estaba sucio, lo metí rápidamente a lavar y luego a la secadora. No bien se escuchó la señal de que se estaba lista la ropa, llegaron a por mí.

Apresuradamente me puse el suéter y salí con una gran sonrisa. Llegué al cine más temprano de lo esperado y me senté a tomar un café y a conversar con mi compañía. Vimos una película medianamene buena y luego fuimos a cenar.

No sé, me dio la impresión de que todo tenía un ambiente más jovial, la gente sonreía, los meseros nos atendían de mejor humor, hasta se empezó a sentir un calorcillo que me dieron ganas de quitarme el suéter, pero no lo hice, porque el clima es voluntarioso y no vale la pena retarlo.

Una noche encantadora llena de risas y momentos agradables, que terminó cuando regresé a la casa y, sin encender la luz (para no molestar a los demás), me desvestí y me metí entre las sábanas. A la mañana siguiente me levanté un poco más tarde de lo habitual, así que corrí para alistarme. Como no encontré el saquito adecuado para mi falda, me puse el mismo suéter con el que había salido la noche anterior. Y todo volvió a la normalidad, el tráfico, las luces, el banco, el café, etc, etc.

Pero, llegando a mi oficina, uno de mis compañeros de trabajo soltó una contagiosa carcajada cuando me vio. Yo me reí con desconcierto, pero la musicalidad de su voz estaba dotada con tanta algarabía, que no me quedó más remedio que soltar una genuina carcajada.

Cuando por fin él pudo hablar, pasó su mano por mi espalda y me despegó UN CALCETÍN A RAYAS GRISES que traía pegado en el suéter por la estática. Durante toda la tarde anterior y toda la mañana anduve con UN CALCETÍN PEGADO.

Imagino lo alegre que habrá sido la jornada de trabajo para los señores del cine y los meseros; para la gente de espera en el banco y para el muchacho del café. Todo por un descuido, todo por la estática, todo por un calcetín que se entremetió donde no le convenía.

Y desde ese día reviso minuciosamente mi ropa antes de ponérmela. No vaya siendo que un buen día termine saliendo con ropa adecuada, pero "accesorios" inapropiados.

febrero 26, 2009

Recuento tardío del mes de enero


Durante los días que no tomé café, decidí tomar otra cosa: la decisión de no escribir nada, de no pensar en nada importante, de no salir a ningún lugar. Opté por dejar de lado algunas cosas que me causan gozo, con el fin de alertar a mis sentidos y poder ser más receptiva cuando lo que me causa placer esté de frente.

Enero fue un mes importante, pues me enfrenté a la que soy. El último día del mes de enero fue el plazo que me di para atreverme a actuar con libertad y a hacer lo que no suelo. En el recuento, salió ganando la curiosidad y por eso me asusté. Por eso me castigué, por eso me aferré al autocontrol. Enero desató en mí un deseo profundo de saber efectivamente si sigo siendo la misma que el año anterior. Enero no me contestó de manera convincente, así que le tuve que preguntar a febrero.

Y febrero, ante mi muda pregunta me comprendió mal y ahora él es quien me niega la respuesta. Febrero tiene 2 días para darme alguna palabra que pueda recordar después, como parte de este año, que merece tener 12 recuentos felices.